Muchas veces he oÃdo el argumento de "las armas no son las que matan, sino los hombres". Es un argumento al que muchos ingenieros se aferran para eludir su responsabilidad a la hora de realizar su trabajo: se limitan a hacer su trabajo, a crear "herramientas" que están libres de toda connotación ética o moral. Sin embargo, dado el enorme poder que la ciencia y la técnica modernas han puesto en nuestras manos, no pararnos a pensar en las implicaciones que tendrá nuestro trabajo es un gran ejercicio de irresponsabilidad.
La era tecnológica actual, en la que el poder del hombre ha alcanzado una dimensión y unas implicaciones hasta ahora inimaginables, exige una concienciación ética. La inminente posibilidad de destruir o de alterar la vida planetaria hace necesario que la magnitud del ilimitado poder de la ciencia vaya acompañado por un nuevo principio, el de la responsabilidad.
Esta es parte de la sinopsis de la obra "El principio de responsabilidad", del filósofo alemán Hans Jonas, en su edición de la editorial Herder. En esta obra, que en mi opinión deberÃa ser de obligada lectura para todo cientÃfico e ingeniero al que se le concede un tÃtulo, se aborda sin tapujos la necesidad de reformular nuestra ética a la luz de los ingentes avances de la ciencia y la técnica. Como se apunta en la sinopsis, la obra trata de sentar las bases de una nueva ética para el nuevo mundo en el que vivimos, un mundo en el que como nunca antes en la Historia el hombre dispone de unos medios y unos conocimientos que, mal empleados, podrÃan llevar a su total exterminio como especie, e incluso a la destrucción del planeta en el que vive.
El trabajo del Ingeniero le pone en contacto directo con la tecnologÃa más poderosa jamás desarrollada por el hombre, una tecnologÃa capaz de hacerle alcanzar cotas increÃbles de bienestar y desarrollo, pero también capaz de alcanzar unas cotas de destrucción de escala planetaria. Y no se trata de palabras vacÃas: hoy dÃa existe sobre la superficie del planeta un arsenal de armas nucleares capaz de exterminar todo resto de vida. Nunca jamás en los miles de millones de años desde la formación de la Tierra habÃa existido sobre su faz un poder capaz de destruÃrla. No sé si la cita será original del guión o adaptada para la ocasión, pero aunque pueda sonar extraño, hay una frase de la pelÃcula Spiderman que resume de manera muy clara esto que Jonas trata de transmitir: "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Dicho de otro modo, la responsabilidad es directamente proporcional al poder.
No es necesario ser fisico nuclear o un ingeniero del ejército americano para ejercer el principio de responsabilidad. Todo Ingeniero, en su quehacer diario probablemente tenga que ejercer este principio. Por ejemplo, anteponiendo citerios de conservación del medio ambiente a criterios económicos al realizar un diseño. Hace tiempo vi en la televisión un documental acerca de la que probablemente sea el arma más famosa del mundo: el AK-47. Este nombre, acrónimo de "Avtomat Kalashnikov modelo 1947", denomina la mayor obra del ruso MijaÃl Kaláshnikov. En dicho documental se entrevistaba al padre de la criatura, y recuerdo que decÃa algo como que él se habÃa limitado a hacer su trabajo lo mejor posible, y bajo los criterios que harÃan del arma la mejor de su clase; no se habÃa parado a pensar la cantidad de gente que morirÃa como consecuencia de balas disparadas por los millones de unidades que se han fabricado de este fusil de asalto.
Los Ingenieros debemos tomar conciencia de que nuestro trabajo tiene consecuencias. Nuestras obras no son herramientas carentes de connotaciones éticas o morales, sino muy al contrario, son artilugios diseñados con una finalidad concreta en un momento determinado, y al haber un fin, una intención en su concepción, el principio de responsabilidad es fundamental en este proceso. El Ingeniero no debe limitarse a hacer lo mejor que sepa y mirar para otro lado al desarrollar su trabajo, sino que debe ser muy consciente de las implicaciones que tendrá su obra. Es posible que MijaÃl Kaláshnikov o los cientÃficos del Proyecto Manhattan no fueran plenamente conscientes de lo que supondrÃan sus obras, pero en estos tiempos de aparente paz en los que vivimos y en los que Internet y los "mass-media" permiten la transmisión rápida de la información, mirar para otro lado y hacer oÃdos sordos a las señales de alarma acerca de los peligros a los que nuestro mundo tecnológico nos ha expuesto serÃa un grave ejercicio de irresponsabilidad.